Javier Malosetti

Malo Tse Ting, the bass emperor

©VLOVEstudio a Pedal

Nunca pensé “voy a ser músico”. Mi casa era música, desde que tengo memoria.

Javier Malosetti

Dante y Tamara miraban fijamente la pared de ladrillo tenuemente vestida de vieja pintura blanca. Son esas paredes que parece que tuvieran historias flojas en los intersticios, y que raspando pueden caer algunas. No es simple hacer fotos de tipos que tienen historia. Y si a eso le agregás paredes con historias, las fotos se vuelven cuentos en sí mismas. En ese momento, Javier termina la prueba de sonido y baja hacia el camarín, encontrando dos mutantes mirando fijamente la pared a una distancia prudente como para no despertar las arañas que tejen el pegamento que la sostiene. Adopta una posición similar, ahora son tres mirando la pared.

—¿Qué están mirando?— pregunta.

—La pared— responden, iluminando la noche con tamaño pragmatismo.

—¡Qué loco!.

—Para hacerte fotos acá...

—Dale, ya vengo y hacemos la entrevista y las fotos.

La historia de Javier tiene que ver con un pibe baterista, que luego se volvió bajista, guitarrista, compositor, cantante, actor; con alguien para quien la música no es una manifestación externa en la cual bucea de tanto en tanto.

Javier es el bajista más iluminado de la escena del jazz local. Pero, esperá: no hace sólo jazz en el sentido más puro de su expresión. Jazz-rock. Bueno, también toca blues como pocos. Canta, y bien. Arma y desarma bandas sin andar a las piñas. Toca de a tres, de a cinco, de a diez. Lo dejan solo en el escenario también, y la gente paladea un buen gusto como pocos lo tienen. Un masaje erótico a las cuerdas. Se lleva más que bien con el inglés (no me refiero a Babington) y se siente cómodo con eso.

J. Malosetti
J. Malosetti©VLOVEstudio a Pedal

No se apura con la entrevista, tiene ganas de hablar, le gusta escucharse. Pero, fundamentalmente, es transparente y abierto. Es un tipo piola (que no es lo mismo que cool) y eso no es poco.

Nos acomodamos en unas sillas envueltas en polvo, que arman pilas inclinadas en el patio trasero del salón. Las patas con regatones negros de plástico duro. El tapizado marrón. Aparece en la misa el bohemio existencialista, el de la Metamorfosis de Kafka o el Harry Haller de El Lobo Estepario, que es la gran crisis por la que pasa Stew, el músico de quien se cuenta la historia en El Pasajero.

Fue una obra musical que me gustó por muchas cosas que se daban juntas, que estaban buenas y que creo sería irrepetible que se vuelvan a dar todas a la vez, por lo que ese fue mi paso por el teatro. Era el momento. Estaba con Mariano Otero, que es un amigo y que estaba como director musical de la obra. La obra es muy grosa, me encantó y en particular la música. Normalmente la música de los musicales no me atrae, pero ésta me encantó. Era una cosa muy grone, muy soul. Es la historia de un flaco que se rebela y se va por el mundo a tocar la viola y darse con lo que tenga a mano, hasta que cuando vuelve se encuentra un mundo distinto. Creo que todos nos sentíamos muy representados, nos reconocíamos en la historia. Imaginate, alguien que deje la casa de mami, para ir a tocar y a drogarse por el mundo, suena grande.

Electrohope
Electrohope©VLOVEstudio a Pedal

En El Pasajero me tocó actuar, tocar la guitarra y cantar, junto con Diego Reinhold, Florencia Peña en la dirección, Onetto, Frenkel, todos geniales. Cantaban, bailaban, actuaban. Fue terrible. Duró tres meses en cartel, y de alguna manera también estuvo bueno que terminara.

Con un poco de ruido exterior, aclara que “Extrañaba mucho la banda, porque en ese tiempo paramos todo”. Ese todo tiene rigidez cadavérica. Ese todo es “mientras yo jugaba al actor, la música de la banda, mi banda, dormía una siesta de borrachera o, lo que es peor, ocurría sin mí.

El teatro es clonar, día tras día, lo que decís y lo que hacés. Cada noche, clonar. Cada día es lo mismo. Inclusive se percibe como un acto anti solidario con los pares la excesiva improvisación. La cosa es encontrarle el gusto a volver a decirlo, y volver a decirlo, y así hasta el final. Acá, en cambio (señala el escenario donde en minutos va a subir a darle al bajo un par de instrucciones), cambiás la lista de temas, improvisás.

En la música, en los shows, la cosa no se repite tanto. Hay una relajación, una conexión diferente con el público y la banda. No tengo libreto, los solos se improvisan, puedo cambiar los temas, cambiar los diálogos. Es otra cosa.

Javier Malosetti
Javier Malosetti©VLOVEstudio a Pedal

Javier es actor genéticamente. Actúa cuando toca, pero conocerlo deja claro que, al actor, su buen gusto y sus dedos-elásticos lo dejan sin aire. Por eso la necesidad de embarcarse en un proyecto tras otro, de renovarse y renovar el entorno que camina musicalmente. Y en una de esas metamorfosis, decidió armar Electrohope, que era originalmente un concepto, luego un disco y finalmente una banda. Una banda que transmite lo que pocos podrían escribir claramente: Groove.

Yo creo que la edad de los chicos tiene mucho que ver con la cohesión que logramos con esta banda, y también con que no son músicos de jazz. Éste es, por el momento, mi proyecto más alejado del jazz.

Javier no es un jazzero (él prefiere jazzista) convencional. Ha caminado por el soul, funk, disco, rock, jazz tradicional. Hasta se le ha animado a los spirituals. Y sobrepone lo comunitario conseguido con la banda Electrohope, al individualismo ácido, al nicho sofisticado que por momentos genera el jazz.

El jazz forma solistas, no forma bandas. Por ejemplo está José Guzmán Quinteto, Javier Malosetti Trío, etcétera. Esto tiene más forma de banda que eso. Los músicos han cohesionado humanamente. Entre ellos originalmente no se conocían. Los presenté yo porque los conocía de distintos lugares y se hicieron amigos. Inclusive tienen una relación entre ellos mucho más profunda que la que tienen conmigo. Es como que hay un lugar en la banda en el que yo no entro, y está bueno eso.

Javier Malosetti
Javier Malosetti©VLOVEstudio a Pedal

Nacido en cuna de melodías, su padre es uno de los grandes guitarristas de jazz que dio la escena local: Walter Malosetti. Prestidigitador de diapasones generosos, da la sensación que si bien Don Walter se hace el sota, estuvo para enderezar cuando fue necesario.

No recuerdo de pendejo haber dicho, “cuando sea grande quiero ser músico”. Pasaron los años y acá estoy, con la guitarra colgada. Ocurrió, simplemente.

Con mi viejo hemos tocado mucho juntos. De hecho, tenemos material grabado que aún no ha salido. En general, cuando tocamos juntos yo me meto en su mundo, de jazz más clásico. Voy a ese mundo de jazz tradicional que me encanta y me divierte compartirlo con él. El viejo ya tiene ochenta, es como que está de porro todo el día, y con el pelo blanco lo veo aún tocando blues, estirando las cuerdas. Es como un Clapton abuelito.

La música, aun la que adorna las elegías, los cantos póstumos y las pompas, divierte a los músicos antes que a su audiencia. La verdad secreta, la goma que junta las escuálidas líneas del pentagrama con el corazón de los ejecutantes, es la diversión común.

Javier Malosetti
Javier Malosetti©VLOVEstudio a Pedal

Me divertí con muchos, pero Spinetta es un Dios. Dios de la música, literario y del humor. Un tipo con el que me cagué mucho de risa, al nivel de la banda de Caseros (Alfredo). Tiene un humor marciano, tanto dentro de la música como fuera de ella.

Música para Soñar también era muy divertido, a la vez que un gran laburo. Había que ensayar mucho porque, aunque parezca lo contrario, no era hacer covers, sino re-versionar. Había que preparar y darle un contexto distinto a las canciones. Era sacar las canciones de su versión original, que tiene una carga de la época en la melodía, en la tendencia del momento que condicionó de alguna manera a esas canciones. Intentábamos llevarlas a otro mundo. Sacar la melodía y la armonía de canción y decirlo de nuevo. Teníamos que lograr también que compre el solista la canción que le queríamos hacer cantar. Con Soledad nos pasó que le quisimos hacer cantar Wonderwall, de Oasis, y no quiso saber nada. Y eso también habla muy bien de ella, porque nos dijo “me encanta el rock, pero no quiero cantar en inglés”, y lo respetamos. Terminamos haciendo con ella una versión de De Música Ligera.

En algún momento, la tecnología, los medios de distribución, el dinero. Money for nothing se oye silbar en el lugar cuando se habla de rock chabón, como elipsis, sugerencia.

Javier Malosetti
Javier Malosetti©VLOVEstudio a Pedal

La industria económica de la música está pasando por un momento tremendo. Pero aparte son ciegos, porque uno que está con la soga al cuello no se zafa tironeando. Ellos quieren salir tirando de la soga. A veces cuando veo mis discos a cincuenta mangos digo ¿por qué a cincuenta? (haciendo cara de ¿por qué tanto?). Yo no me quejo de la bajada de mis discos, de la pirateada. Está claro que se puede encontrar un camino alternativo, pero ante la negligencia de los que manejan la industria, no hay mucho para hacer. A mí realmente no me calienta, no soy Madonna que vende cuatrocientos mil discos. Si bien el disco, como formato, creo que tiene los días contados, aún no aparece una forma que lo reemplace con suficiente fuerza.

Y del mp3, la bajada y la industria de la música a la destrucción de las piezas conceptuales estábamos a unos metros nomás. Lo que nos quieren vender y lo que queremos comprar. Lo que propone el artista y lo que revienta a patadas el comercio. En el medio, el respeto a la obra integral arrinconado por el mute fácil de la venta de retazos por internet.

A mí lo de los temas sueltos me hace ruido. Yo paso mucho tiempo revisando la lista de temas del disco, pensando en el orden, los temas que quedan y los que saco y la conexión de eso con un show. Cómo armar un clima, explotar y bajar en los momentos adecuados.

Ya era hora. De tocar, de parar, de algo distinto. Era hora de conectarse. Somebody's Callin' My Name, parecía escucharse en el ambiente.

—Javier, ¿un whisky? – se acerca Damián, el percusionista y todólogo de Electrohope.

—¿Te parece?

Y no se desenrosca prolijamente los dedos de tocar, ni los guarda en una pequeña caja revestida de terciopelo. Porque Malo Tse Ting, el emperador del bajo, toma el vaso con las mismas manos con las que le habla a las cuerdas. Por eso cuando toca, habla.

A mí se me rompió el tocadiscos hace rato.

Javier Malosetti acerca de sus gustos musicales.
Ernesto Corona entrevistando a Javier Malosetti
Ernesto Corona entrevistando a Javier Malosetti©VLOVEstudio a Pedal